Reportaje de comunión en Navarra
El día que un palacio del siglo XV se convirtió en el escenario de María Esther.
Cada primavera pasa lo mismo. Los trajes aparecen en los armarios, los lazos se planchan con mimo y las familias empiezan a pensar en cómo inmortalizar uno de esos días que no se repiten. Y así, casi sin darte cuenta, vuelve la temporada de reportajes de comunión en Navarra. Pero este año, uno de esos reportajes fue diferente. Muy diferente. Porque tuvimos la suerte de contar con un escenario que no se improvisa ni se alquila en cualquier web: el Palacio de Olza, un edificio que lleva más de cinco siglos mirando el mismo paisaje navarro sin pestañear.
Olza, ese municipio tranquilo a diez minutos de Pamplona que esconde más de lo que parece
Olza, o Cendea de Olza como oficialmente se llama desde 2006, es uno de esos municipios que muchos pasan de largo sin saber lo que guardan dentro. Está a apenas diez kilómetros de Pamplona, integrado en su área metropolitana, y agrupa nueve concejos entre los que se encuentran Arazuri, Ororbia o Asiáin. Algo menos de dos mil habitantes viven repartidos por este territorio donde lo rural y lo histórico conviven sin esfuerzo.
La verdad es que el propio nombre del municipio ya tiene su historia. Olza proviene probablemente del euskera, de la palabra o(h)ol, que significa tabla de madera, y el sufijo abundancial -(t)za. Koldo Mitxelena llegó a citar un proverbio vasco donde Olza tomaba el significado de pared. Un topónimo que aparece documentado ya en el siglo XI. No está mal para un pueblo que hasta hace más bien poco, no sabía situar en un mapa.
El Palacio de Olza
Cinco siglos de historia convertidos en el mejor escenario para un reportaje de comunión en Navarra
Aquí empieza la parte que me cuesta creer incluso habiéndolo vivido. Los padres de María Esther tienen amigos y amigas que son los propietarios del Palacio de Olza. Y éstos, con una generosidad increíble, nos cedieron todo el edificio para el Reportaje de Comunión. Todo. Solo para nosotros y nosotras.
El Palacio de Olza es un edificio histórico cuyo origen, según el estudio de la doctora en Historia del Arte Mª Elba Ochoa Larraona, se remonta a una torre de linaje del siglo XV. Después creció, se amplió hacia 1525 aproximadamente con un cuerpo residencial y una torre gemela, siguiendo los preceptos del Renacimiento que ya empezaba a emerger con fuerza en Navarra. La piedra que se empleó para esa ampliación provenía probablemente de la cantera del monte Arrobia, en el propio pueblo de Olza. Escudos en fachada, ventanas de proporciones estudiadas, pasillos que huelen a historia.
Hoy el palacio funciona como vivienda turística rural de alquiler exclusivo, restaurada por un estudio especializado en patrimonio. Diez dormitorios, once baños, jardín con piscina, patio porticado, biblioteca… Y esa estampa exterior que, según dicen, no ha cambiado en más de cinco siglos. Cuando llegamos aquella tarde y vi el edificio entero delante de nosotros, pensé una sola cosa: esto va a ser genial.
María Esther, la niña que vino con peluches, collares de mil colores y muchísima energía
La conexión que no siempre llega tan rápido
Con los niños y niñas nunca sabes cómo va a ir el reportaje fotográfico. A veces necesitan su tiempo para soltar la tensión, para dejar de mirar al fotógrafo como si fuera un extraño con una cámara. Con María Esther no hizo falta ni un minuto. Desde el primer segundo estaba hablando, riendo, moviéndose por el palacio como si lo conociera de toda la vida.
Y es que hay niñas que tienen ese don. Una energía que se contagia sin que te des cuenta, y que hace que el trabajo fluya de una manera completamente diferente. María Esther es de esas.
Los peluches que no podían faltar (y los que se quedaron en casa)
Entre sus mejores atuendos, collares y pulseras de todos los colores imaginables, llegaron también sus peluches. No todos, eso sí. Me comentó, muy seria, que había tenido que dejar a unos cuantos en casa porque, tal vez, y solo tal vez, ya eran muchos para el reportaje. Una decisión difícil, sin duda. Los elegidos aparecen en algunas de las fotos más divertidas de toda la sesión. Y la verdad es que no me arrepiento ni un poco de haberles dado su espacio en el encuadre.
La biblioteca secreta del Palacio de Olza
Uno de los momentos del día que más me gustó fue cuando María Esther me llevó, con aire de conspiración, a lo que ella llamó la biblioteca secreta del palacio. Con ese nombre, ya sé que te la imaginas. Una habitación con estanterías hasta el techo, luz tenue, ese olor peculiar que tienen los libros viejos. Hicimos fotos ahí porque maría Esther quería fotos con algún libro sí o sí (era innegociable). Los pasillos largos también dieron mucho juego, y las escaleras… las escaleras eran de las que invitan a quedarse.
Las fotos con la abuela
Esas que te remueven por dentro.
En este reportaje, además de la madre y el padre de María Esther, nos acompañó su abuela. Hicimos apenas un par de fotografías juntas, pero te aseguro que van a ser de las que más valoren con el tiempo.
Las fotografías intergeneracionales tienen algo que no tiene ningún otro tipo de imagen. Capturan una relación que tiene años, que tiene historia, que tiene un idioma propio que no hace falta traducir. A mí, personalmente, me cuestan. En el buen sentido. Alguna lágrima se me suele escapar mientras disparo, y no me da ninguna vergüenza reconocerlo. Hay momentos que no se describen, se sienten. Y eso, con una cámara entre las manos, es un privilegio enorme.
Del recordatorio al álbum
Cómo se construye un recuerdo que dura toda la vida.
Un par de fotografías del reportaje ya tienen destino claro: servirán para el diseño del recordatorio de la comunión de María Esther. Esa pequeña tarjeta que la familia guardará en cajones, que aparecerá años después en un libro o detrás de un cuadro, y que de repente te lleva de vuelta a ese día con una claridad que da vértigo.
Y más adelante haremos el álbum. Un álbum donde todas estas imágenes, las del palacio, la biblioteca secreta, los peluches elegidos con criterio y las fotos con la abuela, tomarán su sitio definitivo. Un recuerdo físico, tangible, que no depende de ningún disco duro ni de ninguna contraseña.
Porque para eso existe la fotografía de comunión. No para guardar archivos. Para guardar momentos.
¿Tienes un reportaje de comunión en mente para este año?
Puedes dejar un comentario aquí abajo contándome cómo imaginas el Reportaje de Comunión de tu hijo o hija, o si lo prefieres, escríbeme un correo electrónico sin compromiso y te cuento cómo trabajo, qué incluye una sesión y cómo encontramos juntos el escenario perfecto.
Si estás pensando en hacer un Reportaje de Comunión en Navarra y quieres que sea algo más que unas fotos de estudio con fondo blanco, me encantaría hablar contigo. Cada familia tiene su historia, cada niño y niña tiene su carácter, y cada reportaje fotográfico debería reflejarlo.
Porque a veces, como en el caso de María Esther, el escenario perfecto resulta ser un palacio del siglo XV a diez minutos de casa.













