Reportaje de boda civil en Sarriguren
La historia de Laura & Luis
Hay bodas que llegan por recomendación, otras a través de redes sociales y alguna, directamente, con un mail tan escueto que podría confundirse con un recordatorio del dentista. Así arrancó todo con Laura y Luis. Un mensaje breve, casi telegráfico, con una idea muy clara: querían un reportaje de boda civil en Sarriguren, con la familia más cercana, sin artificios ni protocolo de gran evento. Y la verdad es que esa sencillez, desde el primer momento, ya decía mucho de ellos dos.
Un café y una decisión
Antes de confirmar nada, quedamos para conocernos. Eso es algo que hago siempre, y no es un capricho. Es la única forma real de saber si vamos a encajar el día de la boda, porque fotografiar a alguien que no te conoce (y que además está intentando no llorar frente a su familia) no es fácil.
Hablamos de lo que tenían en mente: ceremonia civil con los más cercanos en Sarriguren y fiesta con amigos en un bar céntrico de Pamplona. También hablamos de cómo se sienten ante una cámara, de qué momentos querían que quedaran bien recogidos y de mil pequeños detalles que solo salen en persona. Cuando terminamos el café, la decisión ya estaba tomada. Nos veríamos en Sarriguren.
La sala Errizar
Un espacio con raíces en medio de un barrio nuevo
¿Qué es la sala Errizar y por qué importa saberlo?
En el corazón del Pueblo Viejo de Sarriguren se encuentra uno de esos edificios que pasan desapercibidos para mucha gente… hasta que alguien se detiene a mirar sus muros de piedra con calma. Allí está la antigua iglesia de Santa Engracia, hoy convertida en la Sala Errizar, un espacio cultural que mezcla pasado medieval, memoria vecinal y nueva vida para el pueblo.
La verdad es que cuesta imaginar que este lugar, hoy utilizado para exposiciones, conferencias o bodas civiles, llegó a estar durante años prácticamente abandonado. Y es precisamente esa transformación la que hace especial a la Sala Errizar.
Un templo ligado a los orígenes de Sarriguren
La antigua iglesia de Santa Engracia formó parte del núcleo histórico original de Sarriguren, mucho antes de que apareciera la ecociudad moderna que hoy conoce la mayoría de la gente. El templo, de origen medieval y vinculado al siglo XII, estaba situado en la parte alta del pequeño pueblo tradicional, rodeado de casas de piedra y vida agrícola.
Durante siglos, esta iglesia fue mucho más que un edificio religioso. Era el centro social del pueblo. Allí se celebraban misas, reuniones vecinales, fiestas patronales y momentos importantes de la vida de las familias. Bautizos, bodas, despedidas… todo pasaba de alguna manera por Santa Engracia.
Y es que en los pueblos pequeños, las iglesias no eran solamente templos. Funcionaban como auténticos puntos de encuentro donde se organizaba buena parte de la vida comunitaria.
La rehabilitación y nacimiento de la Sala Errizar
A partir de 2015 comenzó un importante proyecto de recuperación del Pueblo Viejo impulsado por Nasuvinsa y el Ayuntamiento del Valle de Egüés. El objetivo era rehabilitar el entorno histórico y devolverle vida social y cultural.
Dentro de esa recuperación, la antigua iglesia de Santa Engracia fue restaurada y acondicionada para convertirse en un espacio multifuncional. En enero de 2018 se inauguró oficialmente como Sala Errizar Aretoa.
La inauguración tuvo bastante repercusión en Navarra porque simbolizaba algo más grande que la apertura de una sala cultural. Representaba la recuperación de una parte importante de la memoria del valle.
Además, el contraste visual era muy potente:
- una iglesia medieval rehabilitada
- rodeada por una de las zonas urbanas más modernas de Navarra
- convertida ahora en espacio de convivencia cultural
¿Qué usos tiene actualmente?
Hoy la Sala Errizar funciona como un espacio cultural y social para el Valle de Egüés. Sus usos son variados:
- exposiciones artísticas
- conferencias y charlas
- presentaciones culturales
- actividades municipales
- actos institucionales
- pequeños conciertos
- bodas civiles
- encuentros vecinales
Precisamente una de las primeras bodas civiles celebradas en Errizar llamó bastante la atención por el encanto del lugar y el carácter íntimo del espacio
El interior mantiene parte de la esencia arquitectónica del antiguo templo, pero adaptada a un uso contemporáneo. Piedra vista, iluminación cálida y un ambiente bastante sobrio y elegante. No es un espacio enorme, pero sí muy acogedor.
No tiene la frialdad de un juzgado ni el peso institucional de un salón de plenos. Es un sitio humano, cercano. Y para una boda íntima como la de Laura y Luis, le venía de perlas.
La ceremonia
Dos concejalas, alguna lágrima y confeti a mansalva.
La parte oficial y la que de verdad se recuerda
Laura & Luis llegaron como querían llegar: en su propio coche, sin cortejo, sin coches de época ni chofer de guante blanco. Con ellos venía Hugo, el hijo de Luis, y fue él quien abrió la puerta del coche a Laura. Un gesto pequeño, de esos que no están en ningún guión, y que sin embargo lo dice todo. Ahí supe que el día iba a tener momentos de los buenos.
La ceremonia la oficiaron dos mujeres. Una era amiga íntima de Luis (y eso se nota, porque trae consigo una cercanía que no se puede ensayar) y la otra era la concejala de Sarriguren, cuyas palabras eran las que tenían validez legal. Una combinación curiosa, la verdad, y que funcionó de maravilla.
Hubo lecturas. Hubo emoción contenida. Y hubo ese momento inevitable en el que alguien intenta aguantar las lágrimas y no puede del todo.
A la salida, dantzaris. Porque si eres de Navarra y puedes tener dantzaris en tu boda, los tienes. Y después, confeti. Mucho. Del que acaba en el pelo, en los bolsillos y probablemente todavía en el tapizado del coche tres semanas después. Ahí arrancó de verdad la fiesta con la familia.
El reportaje de pareja que casi no fue
Esta es una conversación que tengo con frecuencia. Muchas parejas, una vez terminada la ceremonia, solo quieren disfrutar del momento con su gente y prefieren no separarse para hacer fotos. Lo entiendo perfectamente. Pero también sé que, pasado el tiempo, esas imágenes en pareja son las que más se agradecen, las que terminan enmarcadas en el salón.
Con Laura y Luis tuve que sacar un poco mis dotes persuasivas (que tampoco son para tanto) y convencerles de dar un pequeño paseo por Sarriguren para hacer unas cuantas fotos juntos. Sin alejarnos demasiado, sin montar ninguna producción. Solo los dos, el barrio de fondo y unos minutos para respirar antes de que comenzara el banquete.
Se dejaron convencer. Y al final, claro, les gustaron.
Después, vermut con la familia y a la mesa. Ahí terminó mi trabajo ese día.
¿Tienes una boda íntima entre manos?
Si estás pensando en un reportaje de boda civil en Sarriguren o en cualquier otro rincón de Navarra, escríbeme un correo electrónico sin compromiso. Te cuento cómo trabajo, aclaramos dudas y, si hay feeling, nos vemos el día grande. Y si todavía tienes dudas sobre si merece la pena hacer un reportaje en pareja… ya sabes lo que te digo.
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