Un comienzo lleno de energía en su gran día
La verdad es que pocas veces arranco una boda con tanta chispa como la de Belén & Felipe, y es que desde la primera foto ya presentía que este reportaje de boda en Pamplona iba a tener algo especial. Empezamos en la peluquería, bien temprano, mientras la familia se dejaban mimar y yo intentaba atrapar cada gesto, cada risa y hasta cada mechón rebelde que no quería ponerse en su sitio.
Hablamos de todo un poco; de nuestros gatos, del eterno Real Madrid – Barça, de vermouths dignos de sobremesa larga y del baile que nos esperaba tras el banquete. Fue un arranque cálido, casi familiar.
Preparativos en el Hotel Iruña Park
Caos, risas y cava
Cuando ya tenían los pelos perfectos y el ánimo por las nubes, nos movimos al Hotel Iruña Park. Allí empezó ese pequeño torbellino maravilloso que solo ocurre en los preparativos de boda. Entre el maquillaje de Belén y Valeria, las copas de cava que iban y venían, y un desfile continuo de gente, la habitación parecía el famoso camarote de los Hermanos Marx. Había hijas, amigas, primas, parejas… una mezcla deliciosa de voces, abrazos y emoción.
Y aun así, en medio del caos, hubo un momento mágico: los tres (Belén, Felipe y Valeria) vistiéndose juntos. Ella con su vestido blanco y unas zapatillas cómodas que decían “hoy mando yo”, él impecable con su traje y Valeria con un vestido que parecía sacado de una película. Estaban guapísimos y guapísimas, y no exagero.
La ceremonia: emociones a flor de piel
La ceremonia tuvo lugar en uno de los salones del propio hotel, y vaya si se notaba lo querido que es esta pareja. El maestro de ceremonias relató cómo se conocieron, sacó anécdotas llenas de humor y cariño, y recordó por qué su gente los admira y quiere tanto.
Las lecturas añadieron ese punto emotivo que te aprieta la garganta sin pedir permiso. A Belén se le escaparon un par de lágrimas, a algún invitado también… y bueno, confieso que a mí se me humedeció el ojo. Cosas del oficio, supongo.
Reportaje en Yamaguchi y un banquete para recordar
Tras el “sí, quiero”, nos escapamos al Parque de Yamaguchi. Su jardín japonés y su estanque crearon el escenario perfecto para las fotos de pareja. Solo un paseo y ya teníamos imágenes que hablaban solas.
Después tocó la fiesta; Entre familia y amigos, la música no dio tregua… mejor lo veis en las fotos.
Baile y diversión: la fiesta se desata
Cuando llegó el momento del baile, la fiesta se desató por completo. Los micrófonos estuvieron a disposición de quien quisiera demostrar sus dotes musicales, y hubo momentos para todos los gustos. Uno de los highlights fue cuando Belén se lanzó a interpretar “Esa Diva” de Melody, ¡vaya momentazo que nos dejó a todos boquiabiertos y cantando a coro!
Entre risas y aplausos, la pista se llenó de bailes de todos los estilos: desde los más txikis, que se movían con alegría desbordante, hasta los/las más veteranos/as y bailongos/as, que no paraban de girar, saltar y sacar sus mejores pasos. La energía era contagiosa y, por un rato, parecía que el Hotel Iruña Park se había transformado en una gran pista de baile donde todos y todas disfrutaban sin reservas.
En total, casi 12 horas de trabajo que se me pasaron volando. Desde el primer minuto supe que iba a disfrutar, y así fue. ¡Belén y Felipe, se os quiere mucho!
Entrega del reportaje y álbum final
Como siempre, cumplí mi compromiso. El reportaje de boda en Pamplona estuvo listo cuando ellos regresaron de su viaje a Malta, y semanas después ya tenían en sus manos un álbum precioso, con la mejor calidad posible y personalizado con el logo que diseñaron para su boda. Un recuerdo para toda la vida.
¿Te casas próximamente en Pamplona o alrededores?
Reportajes de bodas en Pamplona
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