Exposición De Irulegi a Pompelo en Pamplona
2100 años de historia en una sola sala.
Pamplona lleva siglos construyéndose sobre capas de historia, y la exposición De Irulegi a Pompelo en Pamplona llega justo ahora para recordarnos que bajo cada adoquín hay algo que contar. Desde el 30 de enero hasta el 27 de septiembre de 2026, la sala principal de Civivox Pompelo acoge una de las muestras arqueológicas más ambiciosas que ha visto la ciudad en mucho tiempo: piezas inéditas, una casa reconstruida a escala real y, en el centro de todo, la pieza que cambió lo que sabíamos sobre el euskera.
Un aniversario que vale la pena celebrar así
En el año 2025 se cumplen exactamente 2100 años desde que el cónsul romano Cneo Pompeyo Magno fundó la ciudad de Pompelo, dándole (con una modestia bastante cuestionable) su propio nombre. Eso sitúa el origen «oficial» de lo que hoy conocemos como Pamplona en torno al año 75 antes de nuestra era. Pero la exposición no se queda en el acto fundacional: lo que plantea es algo más interesante. Dice, en esencia, que Pamplona ya era Pamplona mucho antes de que llegara ningún romano a ponerle nombre.
El Ayuntamiento ha encargado la curaduría a la Sociedad Ciencias Aranzadi, que ha trabajado junto a investigadores de la Universidad Pública de Navarra, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Burgos, la Universitat de Barcelona, y también centros franceses como las universidades de Pau y Burdeos. El resultado es una muestra que no se limita a exhibir objetos bonitos, sino que construye un relato.
Irulegi antes de Pompelo: un poblado que vivió en guerra
La Guerra de Sertorio y la destrucción del poblado
Antes de que existiera la ciudad romana, el territorio estaba organizado en poblados fortificados. Irulegi era uno de ellos: un centro dinámico de agricultura, ganadería y metalurgia. Un lugar vivo. Y es que eso es lo que hace tan poderosa esta exposición: no muestra un pasado idealizado, sino uno violento y real.
El poblado de Irulegi fue destruido durante la Guerra de Sertorio (82-72 antes de nuestra era), una guerra civil entre romanos que arrasó también con quienes vivían en estos territorios. Las excavaciones lo dejan claro: hubo un incendio. El poblado desapareció. Y entre las cenizas, los arqueólogos han encontrado material bélico en cantidad: un puñal con su vaina, proyectiles de honda, puntas de flecha. Armas que pudieron pertenecer tanto a soldados romanos como a guerreros vascones que servían como tropas auxiliares en ese mismo conflicto.
La vida cotidiana que las llamas no borraron del todo
Junto a las armas, también aparecen objetos de la vida diaria. Una jarra de bronce, cerámicas de la Edad del Hierro, piezas de adorno. Pequeños fragmentos de una comunidad que sabía hacer cosas: ganadería, metalurgia, alfarería. Y escritura. Ahí es donde la historia se complica (para bien).
La Mano de Irulegi y la gran pregunta del euskera
¿Qué es exactamente la Mano de Irulegi?
La Mano de Irulegi es una lámina de bronce con forma de mano derecha, hallada en el yacimiento de Irulegi (Navarra) durante las excavaciones de 2021. Tiene unos 14 centímetros de longitud y data aproximadamente del siglo I antes de nuestra era, lo que la sitúa justo en el período que aborda esta exposición. Su superficie presenta una inscripción con 40 signos, lo que la convierte en el texto escrito más largo conocido en escritura vascónica.
¿Por qué es tan importante para el euskera?
Hasta el hallazgo de la Mano de Irulegi, las evidencias escritas del protovasco eran escasas y fragmentarias. Esta pieza es la primera vez que aparece una palabra que puede identificarse con claridad como parte del tronco lingüístico del euskera: el término sorioneku, que vendría a significar algo parecido a «de buen augurio» o «afortunado». Es una palabra de bienvenida, probablemente una fórmula ritual grabada en bronce para proteger o saludar al que entrara.
Lo que eso implica es enorme. Demuestra que el vascónico, el antepasado directo del euskera actual, era una lengua viva y con escritura propia en este territorio antes de la llegada de Roma. No era una lengua oral sin más, era una lengua que sus hablantes habían decidido fijar. La exposición presenta además las últimas investigaciones sobre la pieza, lo que la convierte en una oportunidad única para ver el estado actual del conocimiento sobre este hallazgo.
Y para que nadie se quede sin contexto visual: en el centro de la exposición han reconstruido a escala real la casa donde fue localizada la Mano. Entrar en ese espacio es, la verdad es que, de los momentos más potentes de la visita.
De la guerra a la ciudad
¿Cómo nació Pompelo?
Con la llegada de Pompeyo y el fin del conflicto, el modelo de vida cambia de raíz. Los poblados como Irulegi desaparecen (en el caso de este último, literalmente) y surge un nuevo tipo de organización: la ciudad romana. Pompelo actúa como motor de una especie de globalización antigua, integrando a las élites locales en la administración, imponiendo el latín como lengua oficial y exportando nuevos cultos religiosos.
Pero hay algo que no desaparece. El vascónico, que en la mayoría de territorios conquistados habría sucumbido ante el latín, sobrevive. El euskera de hoy es, de alguna manera, la prueba de que algo resistió.
En la exposición pueden verse aras y estelas romanas que ilustran precisamente ese proceso de mezcla: la estela de Andrearriaga (cedida por el Museo San Telmo), el Ara de Helasse (del Museo Bibat de Vitoria-Gasteiz), el Ara de Herauscorritsehe del Ayuntamiento de Atharratze o la estela de Hazparne. Piezas que conviven en la misma sala con cerámica de la Edad del Hierro. Esa mezcla no es un accidente: es el argumento central de la muestra.
¿Por qué es tan importante para el euskera?
Hasta el hallazgo de la Mano de Irulegi, las evidencias escritas del protovasco eran escasas y fragmentarias. Esta pieza es la primera vez que aparece una palabra que puede identificarse con claridad como parte del tronco lingüístico del euskera: el término sorioneku, que vendría a significar algo parecido a «de buen augurio» o «afortunado». Es una palabra de bienvenida, probablemente una fórmula ritual grabada en bronce para proteger o saludar al que entrara.
Lo que eso implica es enorme. Demuestra que el vascónico, el antepasado directo del euskera actual, era una lengua viva y con escritura propia en este territorio antes de la llegada de Roma. No era una lengua oral sin más, era una lengua que sus hablantes habían decidido fijar. La exposición presenta además las últimas investigaciones sobre la pieza, lo que la convierte en una oportunidad única para ver el estado actual del conocimiento sobre este hallazgo.
Y para que nadie se quede sin contexto visual: en el centro de la exposición han reconstruido a escala real la casa donde fue localizada la Mano. Entrar en ese espacio es, la verdad es que, de los momentos más potentes de la visita.
Saber de dónde venimos para entender quiénes somos
Hay algo que tienen en común la arqueología, la fotografía y cualquier disciplina que trabaje con la memoria: todas parten de la misma pregunta. ¿Qué había antes? No como ejercicio nostálgico, sino como herramienta para entender el presente.
La cultura no es un adorno. Es el sedimento acumulado de decisiones, lenguas, conflictos y resistencias que una comunidad ha ido dejando atrás, y que sin embargo sigue ahí, debajo de todo. El euskera es quizás el ejemplo más elocuente de eso en este territorio: una lengua que sobrevivió a la romanización, a siglos de presión externa y a la desaparición de casi todas las lenguas que la rodeaban. No por casualidad. Por algo más difícil de nombrar, que tiene que ver con la identidad y con la voluntad de seguir siendo.
Y es que la Mano de Irulegi no es solo un hallazgo arqueológico excepcional. Es la prueba de que alguien, hace más de dos mil años, consideró importante fijar su lengua en bronce. Que lo que tenía que decir merecía perdurar. Esa decisión, tomada en un poblado vascón antes de que Roma llegara a reorganizarlo todo, conecta directamente con cada persona que hoy habla euskera, lo aprende o simplemente lo reconoce como parte de lo que somos.
Conocer los orígenes de Pamplona es, en ese sentido, mucho más que un ejercicio de historia local. Es una forma de entender por qué este territorio tiene la personalidad que tiene. Por qué ciertas cosas aquí se sienten de una manera determinada. Por qué el euskera no es una rareza lingüística sino una raíz.
¿Dónde se puede ver?
Civivox Pompelo, el espacio que lo hace posible.
Civivox Pompelo es el nuevo espacio cultural del Ayuntamiento de Pamplona, ubicado en la plaza Blanca de Navarra, que tomó el relevo del antiguo Civivox Ensanche a principios de 2025. Desde el pasado mes de febrero funciona ya a pleno rendimiento, con tres espacios expositivos, un salón de actos con capacidad para 400 personas (el Kutxa Sonora) y una programación que va desde cursos de pilates hasta exposiciones de esta envergadura.
Fechas: Del 30 de enero al 27 de septiembre de 2026.
Lugar: Sala principal de exposiciones, Civivox Pompelo, plaza Blanca de Navarra, Pamplona.
La sala principal de exposiciones, donde puede verse la muestra De Irulegi a Pompelo, es el espacio más grande del conjunto. El acceso a la exposición es parte de la programación cultural del Ayuntamiento con motivo del 2100 aniversario de la fundación de Pompelo.
Una exposición que merece la visita (y las fotos)
La exposición De Irulegi a Pompelo en Pamplona es, además de un ejercicio académico riguroso, una experiencia visualmente muy potente. La reconstrucción de la casa, las piezas arqueológicas inéditas, la mezcla de materiales de distintos museos y épocas: todo eso junto crea un ambiente que invita tanto a aprender como a detenerse y mirar.
¿Ya la has visitado? Cuéntame en los comentarios qué te ha parecido. Y si aún no has ido, espero que este post te haya dado las ganas suficientes para sacar hueco antes del 27 de septiembre.
Si tienes pensado visitarla, te animo a que vayas con tiempo. No es una exposición para correr.








