Frontones singulares entre Lekunberri y Pamplona

Segunda parada en la AP-15.

Si en el primer tramo de esta ruta ya quedó claro que la AP-15 esconde más de lo que aparenta, este segundo capítulo lo confirma sin margen de duda. En esta nueva publicación os muestro otros tres frontones singulares entre Lekunberri y Pamplona y cada uno tiene algo que lo hace difícil de olvidar: una inscripción centenaria, una pared que un filósofo convirtió en símbolo, y unos sillares de piedra que aguantan el tipo mejor que muchas fachadas modernas. Eso sí, antes de entrar en materia, una aclaración rápida: si te perdiste la primera entrega (la que va desde la frontera con Gipuzkoa hasta Irurtzun), te la dejo aquí abajo. Este post tiene más sentido si llevas el mapa completo en la cabeza.

Captura de Google Maps: Desde Lekunberri hasta Oskotz

El criterio Michelin, por si acabas de llegar

Ya lo expliqué en el post anterior, pero por si es tu primera vez aquí, va el resumen. Los inspectores de la Guía Michelin no solo valoran lo que encuentras en un sitio, sino si ese sitio justifica o no el desplazamiento. Una estrella: merece la pena si pasas cerca. Dos: te desvías sin dudarlo. Tres: el sitio por sí solo justifica el viaje.

Pues bien. Aplico exactamente ese criterio a los frontones. Y en este tramo, hay uno que tiene dos estrellas. Solo uno. Pero es de los que se quedan.

Frontón de Etxaleku

Cien años vestidos de verde.

Etxaleku es un municipio pequeño del valle de Ulzama, de esos que aparecen casi de puntillas en el mapa y que guardan una calma que ya cuesta encontrar cerca de una autopista. El tipo de pueblo donde el tiempo parece haberse tomado las cosas con más pausa que en otros sitios. Y la verdad es que su frontón encaja perfectamente con esa idea.

Lo primero que llama la atención es el color. Recién restaurado y pintado de verde, tiene esa presencia limpia de las cosas que alguien ha decidido cuidar. Pero lo que de verdad te para los pies es el texto que corona el frontis:

Vista general del Frontón de Etxaleku

«Plaza au egin zan 1921 garen urtean»

Texto "Plaza au egin zan 1921 garen urtean"

En castellano: esta plaza se construyó en el año 1921. Más de un siglo mirando partidos, aguantando heladas, viendo pasar generaciones. Las grietas del suelo no son un defecto, son el archivo más honesto que tiene este frontón. Cada línea cuenta algo que ningún cartel explicativo podría resumir mejor.

Vista general del Frontón de Etxaleku

Y luego está el detalle arquitectónico que lo hace singular: como el frontón de Areso (que ya vimos en la primera entrega), este tampoco tiene rebote. La cancha se alarga hasta que aparece, casi sin avisar, la fachada de una casa elegante que hace las veces de pared izquierda. No es un recurso habitual. Y esa mezcla entre espacio de juego y arquitectura doméstica le da un carácter que pocos frontones tienen.


Frontón Público Municipal de Eraso

La pared que inspiró a Oteiza.

Eraso es un núcleo pequeño, tranquilo, de esos que aparecen junto a la carretera sin anunciarse demasiado. Nada en su aspecto exterior sugiere que este pueblo haya dejado huella en la historia del arte contemporáneo vasco. Y sin embargo…

Blanco, desgastado, con el frontis surcado de grietas que el tiempo ha ido abriendo sin prisa. La naturaleza se cuela entre las juntas del suelo (hierbas, alguna flor que nadie plantó) con esa insistencia que tienen las plantas cuando detectan un resquicio. Es un frontón que lleva años existiendo por inercia y que, aun así, sigue en pie.

Vista general del Frontón Público Municipal de Eraso

Tiene además un detalle que lo hace raro entre los raros: además de la pared izquierda, hay una pequeña pared en el lado derecho. No es habitual. Me pregunto si alguna vez se jugó aquí a «las dos paredes» o si el reglamento nunca lo permitió. En estos frontones de pueblo, la verdad es que nunca se sabe del todo.

Vista general del Frontón Público Municipal de Eraso

Pero lo que convierte a este frontón en el de dos estrellas de esta ruta es otra cosa. Jorge Oteiza (uno de los escultores vascos más importantes del siglo XX) utilizó una imagen de este frontón para ilustrar algo en lo que creía profundamente: que los espacios vacíos de encuentro comunitario eran esenciales en cualquier urbanismo respetuoso con la tradición espiritual del ser humano. Y es que Oteiza llegó a relacionar la arquitectura esencial del frontón (tres paredes, un vacío, un espacio de juego y de vida) con los jardines de piedra de Kioto. No es poca cosa para una pared blanca en un pueblo de Navarra.


Frontón Público Municipal de Oskotz

El cierre

Oskotz es otro de esos municipios del piedemonte navarro que viven sin necesitar demasiada atención exterior. Tranquilo, compacto, con las casas apretadas alrededor de un espacio central que todavía funciona como corazón del pueblo.

Renovado en 2014, el frontón de Oskotz tiene una presencia distinta a todos los anteriores. El frontis está construido con grandes sillares de piedra caliza de tonalidad grisácea, y eso le da una solidez, casi una seriedad, que contrasta con los frontones blancos encalados que dominan esta ruta. Como frontón de plaza libre que es, tampoco tiene rebote. Y lo que hay detrás de la cancha es, en cierta manera, el pueblo entero: el ayuntamiento queda al fondo, y si sigues mirando más atrás todavía, te metes entre calles y casas sin darte casi cuenta. El frontón no termina donde acaba la cancha. Termina donde empieza el pueblo.

Vista general del Frontón Público Municipal de Oskotz
Vista general del Frontón Público Municipal de Oskotz

Y con esto, cerramos el tramo AP-15

Con Etxaleku, Eraso y Oskotz queda completo el recorrido de frontones singulares entre Lekunberri y Pamplona, y también se cierra el proyecto más amplio de los frontones que flanquean la AP-15 desde que entras en Navarra hasta que ves las murallas de Iruñea – Pamplona. Han sido dos entregas, siete frontones, y más de un siglo de historia acumulada entre paredes de cal, piedra y cemento.

Vista general del Frontón de Azpiroz

Si te interesa ver qué hay un poco más al sur, ya tengo publicada la entrada sobre los frontones de pueblo en el Valle de Arakil, que también tiene lo suyo.


¿Conoces algún frontón singular en Navarra que merezca una parada?

Este proyecto crece con cada salida. Pero también crece con lo que me contáis vosotros y vosotras. Si conoces algún frontón entre Donostia e Iruñea – Pamplona (o en cualquier rincón de Navarra) que tenga algo especial, que guarde una historia, que justifique torcer el volante aunque sean diez minutos, déjame un comentario aquí abajo. Puede que sea la próxima parada de esta ruta.