PHotoESPAÑA 2025
Un respiro fotográfico en Madrid
Necesitaba parar. Desconectar del trabajo, cambiar de escenario y respirar otras fotos que no fueran las mías. Y es que este año decidí hacer algo que llevaba meses rondando en la cabeza: escaparme a Madrid unos días para visitar PHotoESPAÑA 2025, uno de los festivales de fotografía más potentes del panorama internacional. La excusa era buena, y el plan aún mejor.
Acompáñame en esta breve pero intensa escapada a PHotoESPAÑA 2025. ¡Menudo viaje!
¿Qué es PHotoESPAÑA y por qué todo fotógrafo debería ir al menos una vez?
PHotoESPAÑA es un festival de fotografía que lleva celebrándose desde 1998 y que convierte a Madrid, cada verano, en una auténtica galería a cielo abierto. Museos, centros culturales, galerías y hasta librerías acogen exposiciones que van desde clásicos hasta apuestas contemporáneas que te sacuden el alma (y a veces también el ego, dicho sea de paso).

Es un chute de inspiración, una oportunidad para mirar desde otras miradas. Y también una excusa maravillosa para darse un paseo por Madrid cámara en mano y libreta en el bolsillo.
Lo que vi, lo que me emocionó, lo que me voló la cabeza
No pude verlo todo (ojalá), pero sí algunas joyas que me dejaron con la boca abierta y la cabeza a mil por hora. Aquí van mis favoritas:
Joel Meyerowitz y su viaje en color por una Europa en blanco y negro
En el Fernán Gómez – Centro Cultural de la Villa, me topé con una joya: Europa 1966-1967. Un jovencísimo Meyerowitz, que acababa de dejar su curro de publicista, se pegó un viaje brutal por Europa. Diez países, más de 30.000 km y 25.000 fotos después, nos dejó un retrato espectacular de una Europa (y una España franquista) vistas desde la ventanilla de un coche.
El tipo vivió medio año en Málaga con una familia flamenca y ahí, entre palmas y carretes, empezó a afilar ese estilo que lo haría leyenda.
Los mejores libros de fotografía del año
(y ganas de llevármelos todos)
La expo de los 59 libros finalistas al Premio al Mejor Libro de Fotografía del Año fue puro deleite para los que aún olemos las páginas de papel. Ensayo, creación, rarezas para bibliófilos y primeras publicaciones. Una muestra que confirma lo que muchos ya sabemos: que los fotolibros son arte en sí mismos, pequeños universos editados con mimo, concepto y mucha personalidad.
Lotty Rosenfeld, la artista que pintaba cruces donde no se podía ni mirar
En el Círculo de Bellas Artes, la obra de Rosenfeld me dejó helado. En plena dictadura chilena, la artista se lanzó a intervenir las calles prohibidas con signos que cruzaban los caminos del poder. Una obra política, incómoda y poderosa. De esas que no te dejan indiferente.
Nacho Criado, cuando la fotografía es parte del proceso
También en el Círculo, la exposición Blanco de Nacho Criado me atrapó por su juego constante entre el positivo y el negativo, lo visible y lo oculto. Una obra que no se puede encasillar, donde la fotografía no es el fin, sino el medio para construir una narrativa visual de ida y vuelta.
Somos raíces: arte, memoria y resistencia desde la Amazonía
Una de las sorpresas más poderosas de PHotoESPAÑA 2025 fue sin duda Somos raíces, una exposición que te atrapa sin pedir permiso. Santiago Yahuarcani y Nereyda López, artistas autodidactas del Amazonas peruano, nos sumergen en un universo donde el arte nace del canto, de la tierra, del recuerdo y de la lucha. Sus obras —pinturas sobre tejidos vegetales, esculturas hechas con semillas, cortezas y raíces— no solo son visualmente impactantes: cuentan historias de resistencia, de mitos vivos y de una memoria que no se rinde. Un viaje profundo, espiritual y necesario, que conecta el arte contemporáneo con la selva, con la comunidad… y con muchas preguntas que ojalá nos atreviéramos a hacernos más a menudo.
Fernando Gordillo y la vida de un pueblo
En la Real Sociedad Fotográfica descubrí el alma de Pedro Bernardo a través de los ojos de Fernando Gordillo. Retrató durante 20 años la vida cotidiana del pueblo, con sensibilidad y respeto.
Costumbrismo del bueno. De ese que no se interpreta, solo se muestra con honestidad.
Lourdes Grobet y el teatro como resistencia
En la Casa de México, Grobet documenta durante décadas el Teatro Campesino e Indígena de México. Una exposición que es un homenaje a la cultura popular, a la identidad y a la lucha comunitaria. Entre máscaras, escenarios improvisados y mucha dignidad, Grobet nos cuenta una historia de revolución sin sangre.
Graciela Iturbide: cuando la cámara sueña
Ver las fotografías de Graciela Iturbide es entrar en un mundo donde la vida y la muerte bailan juntas. Pájaro en la cabeza, serpiente en la boca, retratos que son poesía visual. Me sacudió especialmente la serie sobre los muxes en Juchitán y esa manera tan suya de mirar lo invisible.
Mención aparte merece la fotografía Nuestra Señora de las Iguanas. Una auténtica joya.
Rui Ochoa: 25 años de democracia portuguesa en imágenes
En el Ateneo de Madrid, me topé con una lección de historia contada con cámara en la exposición «Rui Ochoa 74-99». Rui Ochoa retrata los primeros 25 años de democracia en Portugal con una mezcla de política, música, luchas sociales y vida cotidiana. Una expo para entender cómo la fotografía puede ser memoria colectiva.
Espe Pons y las huellas de Walter Benjamin
En el Centro Cultural Blanquerna, la exposición Flucht es un ensayo fotográfico sobre la huida final de Walter Benjamin. Fotografía como memoria, como eco del exilio, como poética del desarraigo. Sobria, potente, emocionante.
Sofía Crespo y los neandertales con IA
En el Museo Arqueológico Nacional, Crespo se pregunta cómo reinterpretar el arte rupestre con tecnología actual. Entre Altamira y algoritmos, nos invita a reflexionar sobre lo que dejamos grabado para el futuro.
Madrid, vermuts, azoteas y un ratón famoso
El tiempo era limitado, y aunque intenté estirarlo como una masa de pizza napolitana, no me dio para todo lo que quería ver. Aun así, pude disfrutar de una buena dosis de exposiciones y, cómo no, de la otra cara de Madrid: las rutas de vermut y tapas. Que, seamos sinceros, también alimentan el alma del fotógrafo.
Ver el atardecer desde la azotea del Círculo de Bellas Artes es uno de esos planes que deberían ser receta médica: skyline, tejados infinitos… y una bebida fría. Pura postal madrileña.
También hubo paréntesis verde: parar, respirar y estirar las piernas en los jardines del Retiro, entre estatuas, ardillas y algún que otro músico callejero, fue como darle al botón de «modo zen».
Me acerqué al Monumento a los Abogados de Atocha, en la plaza de Antón Martín. Un lugar para detenerse, recordar y reflexionar. Una visita que recomiendo sí o sí, sin excusas.
Y hablando de poder: también pasé por el Congreso de los Diputados y Diputadas. Me llamó la atención ver a periodistas trajinando cables, micros y cafés mientras intentaban cubrir la última novedad política al vuelo. Puro reality show democrático en directo
Entre paseo y paseo, hice una parada en uno de los rincones más entrañables y curiosos de Madrid: la casa del Ratoncito Pérez. Sí, existe. Y sí, es un planazo si vas con niños o con alma de niño (yo lo segundo).
Y aunque fueran pocas horas, pude vivir un pedacito de la Semana del Orgullo en Chueca. Calles a reventar de buen rollo, colorido, música y mensajes potentes. Reivindicación y alegría en perfecta armonía. Ojalá más ciudades respiraran así de libre.
Beti Jai: el frontón más bonito que he visto en mi vida
Y por supuesto, entre tanta andanza urbana, me guardé un rato sagrado para visitar el frontón que tenía marcado con rotulador rojo fosforito en mi mapa: la visita al majestuoso Frontón Beti Jai. Y madre mía… qué maravilla. Restaurado en 2019, este frontón de finales del XIX es una auténtica joya arquitectónica. Una visita guiada te lleva por sus gradas, su historia y su proceso de recuperación. No puedo negar que se me escapó una lagrimilla pelotazale. De lo más espectacular que he visto. Sin duda, un firme candidato a aparecer en mi proyecto de Frontones Singulares. Pero para eso… habrá otro post.
Equipo en mano, mirada en acción
Para estos días por Madrid, mi fiel compañera fue la Canon R6 Mark II, equipada con un clásico Canon 50mm f1.4. Nada de trastos ni montañas de objetivos; era momento de centrarme en lo esencial: aprender a componer mejor cada toma y, sobre todo, a decir “no” a esas fotos que no iban a funcionar. A veces menos es más, y en esta aventura fotográfica, la simplicidad fue la clave para captar la esencia de PHotoESPAÑA 2025 y la ciudad.
Una escapada que me recargó la mirada
PHotoESPAÑA 2025 me ha regalado nuevas ideas, miradas distintas, reflexiones incómodas, inspiración a raudales y, sobre todo, muchísimas ganas de seguir fotografiando con pasión. Ha sido un soplo de aire fresco y un recordatorio de por qué me dedico a esto.
¿Y tú? ¿Has visitado PHotoESPAÑA alguna vez?
Si eres amante de la fotografía (o simplemente te apetece empaparte de cultura visual), te recomiendo que te organices una escapadita a Madrid para vivirlo en persona. Y si ya has estado, cuéntamelo en los comentarios: ¿qué exposición te marcó? ¿Te tomaste algún vermut por mí?
































