Fotografías de la Tierra Artemis II vs Apolo 17
La misma canica azul, dos miradas muy distintas.
El 2 de abril de 2026, el comandante Reid Wiseman apretó el disparador de una Nikon D5 a bordo de la cápsula Orión y, sin saberlo del todo, metió en el mismo frame cincuenta y cuatro años de historia fotográfica. Porque las fotografías de la Tierra Artemis II vs Apolo 17 llevan días revolviendo internet, y no precisamente por las razones correctas. Hay quien dice que la nueva foto «es peor». Que la Tierra ha perdido color. Que antes se veía mejor. Y la verdad es que esa comparación, así de directa y sin contexto, es como comparar un retrato de estudio iluminado con luz de día con una toma nocturna de larga exposición. Son dos fotografías completamente distintas, tomadas con intenciones distintas, en condiciones distintas. Y eso, como fotógrafo, me parece apasionante.
La Canica Azul
Lo que hace legendaria a una fotografía de 1972.
Empecemos por la imagen de referencia, porque merece ese respeto. La foto del Apolo 17 es como abrir una ventana limpia en mitad del vacío: la Tierra aparece entera, redonda y azul, bañada por el Sol. Fue tomada el 7 de diciembre de 1972 mientras el Sol estaba a espaldas de los astronautas, de modo que la Tierra quedaba completamente iluminada en su ángulo de visión.
El equipo era una Hasselblad 500EL modificada para el vacío espacial, con película Kodak Ektachrome de 70 mm. Ese formato analógico tiene algo que los sensores digitales todavía no replican del mismo modo: una forma particular de registrar el color, con un contraste natural y una saturación que hoy nos parece casi irreal de puro perfecta. La película de 70 mm proporciona un contraste de color alto y natural, lo que explica que la foto de 1972 aparezca más vívida o nítida a ojos del gran público.
Y además, hay que ser justos con el contexto histórico. Capturas como «Earthrise» o «The Blue Marble» contribuyeron a cambiar la percepción que la humanidad tenía de su propio planeta, alimentando movimientos ambientales y reforzando la idea de un mundo compartido. Una foto que cambia cómo la gente entiende el planeta en el que vive no es solo una buena fotografía. Es un documento civilizatorio.
Fotografías de la Tierra Artemis II
Una toma nocturna sin precedentes en la historia espacial.
Aquí está el quid de la cuestión, y es que la foto de Artemis II no es una versión mejorada (o empeorada) de la Canica Azul. Es otra cosa completamente distinta. Es la primera fotografía de la historia de toda la Tierra nocturna a color tomada por un ser humano. Eso no es un detalle menor. Es un hito.
El comandante Reid Wiseman logró la primera fotografía de la Tierra en su totalidad desde la cápsula Orión, mostrando el planeta como un globo azul y brillante con auroras en los polos y la luz zodiacal visible en su superficie. Mientras en la imagen del Apolo 17 el Sol iluminaba de frente toda la cara del planeta, aquí ocurre exactamente lo contrario: la Tierra eclipsa al Sol, y el planeta solo está iluminado por la luz solar que refleja la Luna sobre su superficie. Es la Tierra de noche.
Para capturar eso se necesita una configuración técnica muy específica. La Nikon D5, adaptada expresamente para esta misión, disparó a ISO 51.200 con un objetivo 14-24 mm f/2.8 y un tiempo de exposición de un cuarto de segundo (el mínimo posible para evitar que el movimiento de la nave desenfocara la imagen). Con ese ISO extremo, el sensor registra detalles que el ojo humano directamente no percibe: auroras boreales y australes simultáneas, Venus brillando en el fondo, y la luz zodiacal, ese polvo cósmico del plano orbital de los planetas que refleja la luz del Sol.
¿Por qué entonces parece "menos colorida"?
Los sensores digitales, aunque avanzados, reaccionan de forma diferente al contraste brillante y a la poca luz que la película analógica, lo que explica que la foto de 2026 resulte visualmente menos vívida a ojos no entrenados. A eso súmale que, según apunta el fotógrafo Zurita Carpio, la imagen de Artemis II se tomó desde el interior de la cabina, sin filtros, probablemente en JPEG, sin la intención de pulido técnico que sí tenía aquella misión del Apolo. La Hasselblad del 72 fue meticulosamente preparada para minimizar luces parásitas y distorsión. La Nikon del 2026 estaba optimizada para la sensibilidad en oscuridad, no para el color saturado.
Son filosofías fotográficas diferentes. Y ninguna es superior a la otra.
Ese borde brillante que confunde a tanta gente
Uno de los elementos más comentados (y malinterpretados) de la nueva imagen es ese resplandor que aparece en el limbo terrestre, abajo a la derecha. No es un error de la cámara. No es un artefacto digital. Es la luz del Sol iluminando el borde del planeta en su parte nocturna, un brillo ocasionado por la luz que rebota del Sol en esa zona de transición. En fotografía de paisaje lo llamaríamos rim light. Aquí simplemente ocurre a escala planetaria.
Dos cámaras, dos eras, un mismo asombro
La comparación entre ambas imágenes no solo resalta los avances tecnológicos en la captura de imágenes, sino también el progreso en la exploración espacial. Sin embargo, hay algo que permanece intacto: la belleza única de la Tierra vista desde el espacio profundo.
La verdad es que lo que más me interesa de todo este debate no es cuál de las dos fotos es técnicamente superior. Lo que me parece fascinante es que, cincuenta y cuatro años después, cuatro personas dentro de una cápsula del tamaño de una autocaravana siguen mirando por una ventanilla y sintiendo exactamente lo mismo que sintieron Cernan, Evans y Schmitt en el 72. Ese pellizco en el estómago. Esa sensación de fragilidad del punto azul. El llamado «efecto perspectiva» sigue siendo muy parecido: una sensación de fragilidad, interconexión y pequeñez frente a la inmensidad del espacio.
Eso no lo captura ningún sensor. Ni analógico ni digital.
Descarga las imágenes y júzgalas tú mismo
Si quieres ver ambas fotografías en su máxima resolución y analizarlas sin la compresión de las redes sociales, la NASA las tiene disponibles en su archivo oficial de imágenes. Puedes descargarlas gratuitamente desde la web oficial de la NASA. Vale la pena abrirlas al 100% y pasarte un rato mirando los detalles. Las auroras, la luz zodiacal, las luces de las ciudades en la cara oscura del planeta. Hay mucho ahí dentro.
Aprende de quienes saben: fuentes que merece la pena seguir
En un tema como este, donde la desinformación corre más rápido que los propios cohetes, la verdad es que conviene saber a quién escuchar. No todo el que opina en redes sociales sobre una fotografía espacial tiene el contexto técnico para hacerlo con rigor. Y eso, precisamente, es lo que diferencia el ruido del conocimiento.
Una de las voces más honestas y accesibles en español sobre todo esto es Cayetana Saiz, fotógrafa profesional española establecida en Cantabria, especializada en astrofotografía de cielo profundo y monitora astronómica certificada por la Fundación Starlight. Además, ha colaborado con la Agencia Espacial Europea, la revista Astronomía y ha sido reconocida internacionalmente con el APOD de la NASA en varias ocasiones. Dicho de otro modo: cuando Cayetana explica por qué la foto de Artemis II no es inferior a la del Apolo 17, no lo hace desde la intuición sino desde el conocimiento real de cómo funciona la luz, el sensor y el espacio. Puedes seguir su trabajo en Instagram en @caye.wildvisuals y explorar su portfolio de astrofotografía y, si el tema te engancha de verdad, tiene un curso online de Astrofotografía con cámara y objetivo fotográfico sin necesidad de telescopio.
La próxima vez que alguien en internet diga que una fotografía espacial «es peor que la de antes», pregúntate primero quién lo dice y desde qué conocimiento lo dice. Esa simple pregunta cambia mucho la conversación.
¿Y tú qué opinas?
¿Te parece que la nueva imagen de Artemis II está a la altura de la Canica Azul, o crees que la fotografía analógica del Apolo 17 sigue siendo inalcanzable? Déjame tu comentario aquí abajo, me encantaría leer tu punto de vista.
Y si quieres que profundice en más reportajes sobre fotografía espacial o astrofotografía, escríbeme un correo electrónico y lo ponemos en marcha.








