Filtros polarizadores y UV

La primera lección que aprendí como fotógrafo.

La verdad es que hay lecciones que se aprenden a base de sustos, y esta fue una de las mías. Cuando empecé en esto de la fotografía, nadie me habló de composición ni de reglas de tercios en mis primeras semanas. Me hablaron de proteger el material. Y ahí es donde entran los filtros polarizadores y UV, dos pequeños discos de cristal que, sin hacer ruido, se convierten en los guardaespaldas silenciosos de tu objetivo.

¿Cómo funciona un filtro polarizador?

Si alguna vez te has preguntado para qué sirven realmente (más allá de lo que pone en la caja de la tienda), quédate, porque te cuento cómo los uso yo, en el día a día, con mis propias lentes.


¿Qué son los filtros polarizadores y los filtros UV?

Empecemos por lo básico, sin tecnicismos innecesarios. Un filtro polarizador es un cristal que se rosca en la parte delantera del objetivo y que actúa filtrando ciertas ondas de luz, las que provocan reflejos y deslumbramientos. Un filtro UV, por su parte, bloquea la radiación ultravioleta, aunque hoy en día su función principal (nos guste admitirlo o no) es más física que óptica: proteger el cristal frontal de la lente de arañazos, polvo y golpes.

Uso de los filtros polarizadores para contrastar cielos

Y es que el polarizador hace algo más de lo que parece a simple vista. Aumenta el contraste y la saturación de los colores al bloquear los reflejos de la luz en superficies no metálicas, y ahí está la magia que engancha a cualquiera que lo prueba por primera vez. ¿Cómo actúa exactamente sobre ese contraste? Pues de varias formas, y todas se notan en cuanto miras por el visor:

  • Elimina brillos: Al quitar los reflejos blancos del agua, los cristales o la humedad sobre las hojas, el color real de los objetos queda al descubierto, sin ese velo blanquecino que a veces ni percibimos hasta que desaparece.
  • Oscurece el cielo: Profundiza el tono azul y hace que las nubes blancas resalten con una fuerza que a simple vista (sin el filtro) simplemente no existe.
  • Mejora la vegetación: Reduce los brillos difusos sobre las plantas, así que los verdes se ven más densos, más definidos, casi con más peso visual.
  • Ángulo óptimo: Aquí va un detalle que muchos desconocen: el efecto máximo de contraste se consigue cuando el sol está a unos 90 grados respecto a la dirección de la cámara. Por debajo o por encima de ese ángulo, el efecto se nota, pero nunca con esa intensidad.

La analogía que uso para explicarlo (y que nunca falla)

Siempre digo lo mismo cuando alguien me pregunta esto en un curso o en una sesión: son como las gafas de sol polarizadas que te pones en la playa en agosto. ¿Sabías que funcionan exactamente igual? Si alguna vez has girado la cabeza llevando unas gafas polarizadas y has visto cómo el cielo se oscurece o cómo desaparece el reflejo de una superficie de agua, ya sabes lo que hace este filtro en tu cámara.

Gafas de sol polarizadas.

Prueba a hacerlo la próxima vez, gira el filtro sobre la lente mientras miras un paisaje a través del visor y compara la imagen polarizada con la que no lo está. Es un efecto que engancha.

¿Para qué sirven los filtros polarizadores y los filtros UV?

Aquí es donde la teoría se vuelve práctica, y donde muchos fotógrafos (yo el primero, en su día) se hacen un lío. Vamos por partes.

El filtro polarizador reduce reflejos en superficies como cristales, agua o vegetación, y además intensifica el azul del cielo y el contraste de las nubes. Es una herramienta brutal para paisaje, y no exagero cuando digo que puede salvar una fotografía que, sin él, quedaría plana y sin fuerza.

Paisaje con filtro polarizador

El filtro UV, en cambio, no aporta ese efecto visual tan evidente. Su papel es más discreto: protege el cristal frontal del objetivo sin restar apenas luz al sensor (a diferencia del polarizador, que sí resta entre uno y tres pasos de luz, algo que hay que tener en cuenta si trabajas con poca luminosidad). Y aquí va un dato que casi nadie valora hasta que le pasa: en caso de golpe, es mucho más barato sustituir un filtro que toda una lente.

Filtro UV como protección de la lente

Créeme, esa cifra en la factura marca la diferencia entre un disgusto de veinte euros y uno de varios cientos.

¿Cuándo utilizaremos los filtros polarizadores y los filtros UV?

Y aquí llega la parte donde te cuento cómo los uso yo en mi trabajo diario, con ejemplos reales y no de manual.

Mi filtro polarizador, siempre en la Canon 17-40mm L f4

Este es mi combo fijo. Para fotografía de paisaje esta lente me viene de lujo con el polarizador puesto, porque el gran angular ya de por sí exagera los contrastes del cielo, y sumarle el filtro es multiplicar ese efecto. Ahora bien, si estoy en una boda y necesito entrar a hacer un plano general del interior de una iglesia, simplemente me lo quito. No tiene ninguna complicación, es cuestión de un giro de muñeca y listo.

Mis filtros UV, en las lentes que más uso a diario

En mi Canon 50mm f1.4, en la Canon 85mm f1.8 y en la Canon 70-200mm L f2.8 llevo siempre puesto el filtro UV. Son mis objetivos de trabajo constante (reportajes, retratos, comuniones) y ahí la prioridad no es el efecto visual, sino la protección diaria del cristal frente al roce, el polvo y esos golpes tontos que pasan sin avisar.

Otros filtros que también llevo en la mochila

Más allá de los filtros polarizadores y UV, hay dos aliados que uso en ocasiones muy concretas y que merece la pena conocer.

Filtro ND 4-500 de NISI (77mm)

Un filtro ND, o filtro de densidad neutra, funciona como unas gafas de sol para tu cámara: reduce la cantidad de luz que entra al sensor sin alterar los colores de la imagen, de ahí lo de «neutro». Al ser circular de 77mm, lo monto tanto en mi Canon 17-40mm L f4 como en la 70-200mm L f2.8, dependiendo de la escena que tenga delante.

Filtro degradado inverso

Este es el «más artesanal» de todos. Al ser rectangular, necesito montar antes un portafiltros con su arandela correspondiente en el objetivo, y después colocar el filtro encima. Es, lo reconozco, algo más engorroso que enroscar un filtro circular. Pero cuando el sol está justo en el horizonte, en un amanecer o un atardecer, el resultado compensa con creces esos minutos extra de montaje.

Ejemplo de uso de filtro degradado (ndjrentals.com)

Este filtro equilibra la luz entre el cielo (muy luminoso) y el primer plano (más oscuro), algo que de otra forma sería casi imposible de resolver bien en una sola toma.


Preguntas frecuentes sobre filtros polarizadores y UV

En teoría sí, se pueden apilar uno sobre otro, pero en la práctica no te lo recomiendo. Y es que cada filtro que añades resta algo de nitidez y aumenta el riesgo de viñeteado (esas esquinas oscurecidas típicas de los grandes angulares). Además, el polarizador ya resta luz por sí solo, así que sumarle otro cristal delante solo complica la exposición sin aportar ningún beneficio real. Mi consejo: elige uno según lo que necesites en cada momento, no los dos a la vez.

Si es un filtro barato, sí, puede notarse. La verdad es que un cristal de mala calidad introduce reflejos internos, pérdida de contraste y hasta un ligero velo en las fotos con luz de frente. Por eso yo siempre recomiendo invertir en filtros de marcas reconocidas (Hoya, B+W o similares), aunque cuesten algo más. Con un filtro UV de buena calidad, la diferencia respecto a no llevar nada puesto es prácticamente inapreciable.

Aquí la clave está en la tecnología de tu cámara. Los filtros polarizadores circulares son los que necesitas si tienes una cámara réflex o mirrorless moderna, porque su diseño permite que el sistema de enfoque automático y el de medición de luz sigan funcionando correctamente. Los lineales, en cambio, son más antiguos y pueden interferir con estos sistemas, así que hoy en día prácticamente nadie los usa salvo en cámaras muy concretas. Si vas a comprar uno, asegúrate de que ponga «circular» (o «CPL», que es como se suele abreviar) en la caja.

El rango de precios es amplio, y aquí sí que se cumple eso de que pagas por lo que recibes. Un polarizador de entrada ronda los 20-30 euros, mientras que uno de gama alta (con tratamientos multicapa que reducen reflejos parásitos) puede superar los 100 o 150 euros, dependiendo del diámetro de rosca de tu objetivo. Mi recomendación honesta: no hace falta que empieces por el más caro, pero tampoco te vayas al más barato de todos. Un término medio de buena marca te dará resultados sobresalientes sin arruinarte.

Esta pregunta me la hacen mucho en los cursos, y merece su propia respuesta. El parasol protege contra golpes frontales y contra la luz parásita que puede generar destellos, pero no hace nada frente a un roce lateral, una salpicadura o un dedo que accidentalmente toca el cristal. Son protecciones complementarias, no sustitutivas. Yo llevo ambos a la vez en mis lentes de uso diario, y esa combinación es la que de verdad me ha salvado de más de un susto.


Entonces, ¿qué filtro necesitas tú?

Si estás empezando, mi consejo honesto es este: no compres antes que nada el más caro ni el más completo. Empieza por proteger lo que ya tienes. Un filtro UV en tu objetivo principal es la inversión más pequeña y más rentable que puedes hacer, y un polarizador te abrirá un mundo entero si te gusta el paisaje. Los ND y los degradados llegarán después, cuando quieras explorar técnicas más concretas.

¿Tú ya usas filtros polarizadores y UV en tu equipo o todavía no te has animado? Cuéntame en los comentarios qué lente proteges más y cuál es tu combinación favorita, me encanta leer cómo trabaja cada fotógrafo y fotógrafa.