Frontones de Pamplona (Vol. 1)
Una ruta a pie por la pelota y la historia.
Pamplona es muchas cosas, pero si hay algo que late en su ADN con la misma intensidad que el Txupinazo del 6 de julio, eso es la pelota vasca. Llevan meses rondándome la cabeza los frontones de Pamplona que aún tenía pendientes en este proyecto personal de buscar y fotografiar frontones por toda Navarra, y esta vez, por fin, me los he quitado de encima. Sin coche. Sin dron. Solo con la cámara colgada al hombro y una ruta trazada en Google Maps que, sobre el papel, parecía sencilla.
El planning: Google Maps, paciencia y alguna sorpresa
Antes de salir a la calle, lo primero fue sentarme con Google Maps y trazar el recorrido más lógico para enlazar todos los frontones. Nada del otro mundo, pero el ejercicio tiene su miga. Y es que Pamplona tiene frontones desperdigados por barrios muy distintos: desde las afueras residenciales hasta el corazón medieval del Casco Antiguo. Así que toca decidir: ¿empiezo por los de los barrios y termino en el centro, o al revés?
Opté por empezar en el Barrio Soto Lezkairu y acabar en el centro de Pamplona. Buen criterio. Así el final del recorrido coincidía con los frontones con más historia, con más peso, con más capas que rascar.
Y ahora sí. Vamos con los Frontones de Pamplona.
Los frontones de los barrios
Sorpresas en el camino
Frontón de pared única de Lezkairu
(Barrio Soto Lezkairu)
Este frontón siempre me ha parecido curioso. No solo porque tenga únicamente la pared del frontis (sin pared izquierda ni rebote), sino porque el suelo no es completamente horizontal. Tiene una caída. Una pequeña inclinación que, si te pones a pensar en ello, convierte cada bote en una pequeña ruleta rusa. No sé si se habrán celebrado partidos oficiales aquí en esa condición, pero lo que tengo clarísimo es que la pelota va a hacer algún que otro extraño de los suyos.
Además, este frontón está de actualidad. El Ayuntamiento de Pamplona ha invertido algo más de 3.200€ en pintar dos canchas de frontball sobre el frontis y la pista. El frontball, por si no lo conocéis, es una modalidad relativamente joven: nació en 2008 como una evolución de la pelota mano, está reconocida por la Federación Internacional de Pelota Vasca desde 2015 y ya cuenta con competiciones mundiales. La cancha es más pequeña (once metros de largo por siete y medio de ancho) y no requiere pared izquierda, así que el de Lezkairu cumple los requisitos. De hecho, se convierte con esta intervención en el primer frontón municipal de Pamplona habilitado para albergar competiciones de frontball. No está mal para un frontón con suelo inclinado.
Frontón del Parque Ilargienea
(Barrio Arrosadía)
Otro frontón al aire libre con su propia peculiaridad: el suelo tampoco está completamente a nivel. Parece que en los barrios nuevos de Pamplona, nadie le echó demasiada cuenta a la horizontalidad a la hora de construir.
Lo que sí tiene de especial este frontón es su disposición. Cuenta con un frontis y un rebote que, además, está pintado como si fuera otro frontis. Resultado: se podría decir que son dos frontones en uno. Dependiendo de dónde te coloques, tienes una cancha o la otra. Es una solución inteligente para un espacio reducido y, la verdad es que, como fotografía, da juego.
Frontón del Parque de Río Ega
(Barrio Azpilagaña)
También conocido como el frontón de la Plaza del Búho, este espacio tiene detrás una historia de regeneración urbana bastante interesante. En diciembre de 2019, el Ayuntamiento acometió una transformación integral de la plaza, ubicada entre las calles Río Alzanía y Río Ega, con el objetivo de hacerla más accesible y más habitable. El proyecto fue rediseñado junto al vecindario y el tejido asociativo, a través de un proceso participativo vinculado al Plan Especial de Actuación Urbana de la Milagrosa.
En ese proceso, el frontón no desapareció. Se conservó, se limpió por completo, se descubrió la construcción original y se le añadió un mural decorativo en la parte trasera: una imagen de 1961 que recoge el inicio de la reurbanización de la calle Abejeras, con las casas de entonces en primer plano y las nuevas viviendas al fondo. Una fotografía dentro de un frontón. Como concepto, me encanta.
El Casco Antiguo, el corazón pelotazale de los frontones de Pamplona
Si los frontones de los barrios me dieron alguna que otra curiosidad fotográfica, los del Casco Antiguo son otra historia. Aquí cada pared tiene décadas de partidos encima. El ambiente lo notas solo con caminar por la acera.
Frontón Labrit, la Bombonera
El Labrit fue inaugurado el 24 de junio de 1952, respondiendo a la alta demanda tanto de los profesionales de la pelota como de los aficionados pamploneses. Desde entonces, no ha parado. Es un frontón corto en el que se pueden disputar las modalidades de mano y pala corta, gestionado por la Federación Navarra de Pelota. En sus años de existencia ha sido sede de dos campeonatos del mundo de pelota vasca, en 1962 y en 2002, y en él se juega cada año el Torneo de San Fermín, uno de los más importantes del país
Fue también escenario de verbenas populares, campeonatos de halterofilia, teatros de marionetas y competiciones de lucha libre en el siglo pasado. Vamos, que el Labrit ha sido mucho más que un frontón. Es un espacio de encuentro. Un lugar de pueblo en medio de una capital.
Y de eso se trata, precisamente, cuando lo llaman La Bombonera. Es el más popular de todos los que hay en la ciudad, y entre semana se puede acceder a ver los partidos y entrenamientos de clubes, mientras que los fines de semana es habitual la celebración de partidos de pelota profesional.
Yo lo he vivido desde los dos lados. Como público, en torneos y campeonatos donde el ambiente es de esos que te aprietan el pecho (para bien). Y también como Juez, tanto en categoría aficionada como en categoría profesional. Esa segunda experiencia tiene otra textura: estás dentro, cerca de la pelota, pendiente de cada cuadro, sin el lujo de dejarte llevar por la emoción. Pero precisamente por eso lo valoras más. El Labrit, para mí, es el frontón con mayor ambiente que conozco. El frontón Beti Jai de Madrid es el más espectacular desde el punto de vista arquitectónico, sin duda, pero el Labrit tiene algo que no se construye con ladrillos.
Frontón Jito Alai
Construido en 1962 junto a las murallas del Redín, el Jito Alai se destina a la práctica libre y gratuita de la pelota, sin demarcación expresa de líneas de juego, sin iluminación, sin gradas y sin vestuario. Poco más que cuatro paredes, en el buen sentido de la expresión.
El frontón aprovecha los muros del Baluarte del Labrit, con varios siglos de historia, y ha pasado por diferentes reformas a lo largo del siglo XX. El nombre, Jito Alai, se traduce popularmente como «gitano alegre» o el frontón de los gitanos, siendo gito (variante de gitano en Navarra) y alai (alegre/fiesta), haciendo referencia al ambiente informal y popular que siempre rodeó ese rincón junto a las murallas. Ya en 1937, el rincón del baluarte estaba acondicionado como frontón con ese nombre, mientras que en la zona donde hoy está la calle había un paseo con árboles muy jóvenes.
Hoy, además de la pelota, el Jito Alai sirve de escenario para actividades culturales al aire libre. Es esa clase de espacio que funciona exactamente igual como frontón popular que como sala de conciertos improvisada o escenario de danza. Su valor está en esa versatilidad, y en el hecho de estar encajado en las propias murallas de Pamplona.
Frontón La Mañueta
El frontón de La Mañueta, construido en 1913 en la calle con el mismo nombre, es un frontón corto que se caracterizaba por los curiosos desafíos entre sus contendientes. Hasta hace no demasiado eran corrientes las apuestas en las que el jugador que teóricamente llevaba ventaja se cargaba con algún tipo de hándicap, o jugaba con una sola mano, cargando con un peso, una silla o un saco, o se daba una vuelta antes de golpear la pelota. Los pelotaris de la Mañueta tenían fama de pillo, de astutos, y de esa picaresca tan propia de la pelota popular navarra llegó a acuñarse el término «mañueteros» para definir ese perfil de jugador.
Pero antes de que existiera el frontón actual, en esa misma calle había otro. Entre 1913 y 1953 existió el llamado frontón Moderno, aunque popularmente conocido como Zinc Palace por el material de su techumbre. Lo construyó Gerardo Areta Otamendi, un hortelano de la Magdalena muy aficionado a la pelota que, cuando subía a Pamplona desde su huerta, veía jugar al personal en una pared de la muralla (el Jito Alai) y consideraba aquel lugar poco apropiado. Así que compró una casa en la calle Mañueta y la transformó. El día 30 de abril de 1913, a la una de la tarde, se inauguró con un banquete para amigos, industriales y prensa local. Al día siguiente, el primero de mayo, a las once y media de la mañana, se celebró el partido inaugural entre dos parejas de aficionados, costando la entrada 25 céntimos.
El Zinc Palace duró hasta 1954, cuando el Ayuntamiento lo expropió para abrir la calle hacia Carnicerías y conformar lo que hoy es la Plaza de los Burgos. Con la construcción del Labrit en 1952, el Moderno ya había perdido su razón de ser. Pero las paredes de la Mañueta siguieron ahí.
El frontón actual habitualmente permanece cerrado, aunque puede ser utilizado por cualquier persona que lo desee. La llave hay que solicitarla en la puerta principal de la Casa Consistorial, al Policía Municipal de guardia. Y yo, esa mañana, no entré. Me dije que iban a ser solo diez minutos para fotografiar el exterior y seguir. Pero ahora me arrepiento. Hubiera valido la pena pedir esa llave, entrar a la cancha y quedarme un rato sin más, dejando que el sitio hablara solo. Los frontones con historia hacen eso: hablan si les das tiempo.
Los frontones de Pamplona que ya no están
Recorrer la ciudad buscando frontones tiene ese efecto secundario que nadie te avisa: acabas topándote también con los que ya no existen. Con los huecos. Y a veces, esos huecos duelen más que cualquier pared desconchada.
Frontón Euskal-Jai
(Calle San Agustín)
La historia del Euskal-Jai es, dependiendo de cómo se mire, una de las más brillantes o una de las más tristes del patrimonio pelotazale de Pamplona. O las dos cosas a la vez.
En julio de 1908, un grupo de comerciantes e industriales pamploneses fundaron una sociedad mercantil para construir un frontón de largo, al que llamarían Nuevo Frontón Pamplonés. Compraron varios solares en la calle San Agustín y encargaron el proyecto al joven arquitecto Serapio Esparza. Las obras, realizadas en tan solo cinco meses, fueron adjudicadas al constructor Doroteo Legaria. El frontón Euskal-Jai fue inaugurado el 24 de enero de 1909 como primer frontón largo de la ciudad. Era un edificio modernista único por su arquitectura en toda Navarra, con un graderío de contracancha y rebote con tres alturas de arcos y galerías metálicas, construido con pilares de fundición y arquería de forja con la misma técnica que utilizó Eiffel.
En sus mejores tiempos acogía partidos casi todos los días, con solo una jornada de descanso. Festivales, torneos, citas especiales y, casi siempre, lleno total. Todos los restaurantes de las calles Calderería y Tejería se llenaban los días de partido. Era, en palabras de quienes lo conocieron, el alma pelotazale del Casco Antiguo antes de que el Labrit tomara ese relevo.
El declive llegó con la construcción del Labrit en 1952, y el gran caserón de la calle San Agustín cerró sus puertas el 14 de diciembre de 1977. Lo que vino después es más difícil de contar sin un nudo en el estómago. Entre 1994 y 2004 fue utilizado como gaztetxe. A pesar de que en 1984 aparecía en el plan municipal como edificio protegido, la destrucción parcial del tejado, los techos de los graderíos y del suelo de la cancha lo preparaban para su inhabilitación definitiva. El ayuntamiento procedió a su derribo completo en 2004, cinco años antes de que pudiera cumplir los cien años e iniciarse la incoación de declaración de Bien de Interés Cultural. En su solar se levantó un complejo termal que costó 8,5 millones de euros. Y en 2009, el mismo Ayuntamiento celebró el centenario del frontón. El que habían derruido cinco años antes.
Frontón de los Fosos de la Ciudadela
Este era otro. Más modesto, sin la solera arquitectónica del Euskal-Jai, pero con su propia historia a cuestas.
El último resquicio de las instalaciones deportivas militares que llegó hasta nuestros días fue un frontón del año 1948, construido en el foso apoyándose en la contraescarpa, que se derribó en el año 2010. Durante décadas acogió un torneo popular de pelota ya extinguido y su desaparición supuso el fin del último vestigio de las instalaciones deportivas de los alrededores de la Ciudadela, residuo del recinto militar que incluso contó con unas piscinas, luego trasladadas al club General Mola.
La zona deportiva fue desapareciendo progresivamente entre 1960 y 1965, quedando finalmente solo el frontón. Durante años acogió un torneo de pelota y fue uno de los escenarios del rodaje del documental de Julio Medem «La pelota vasca». Su final llegó por la restauración del revellín de Santa Ana, una actuación patrimonial del propio conjunto amurallado. En este caso no hay operación inmobiliaria que señalar, pero el resultado es el mismo: un frontón que un día tuvo vida y hoy no existe.
Dos frontones borrados del mapa por razones muy distintas. El Euskal-Jai, por abandono interesado y decisión política. El de la Ciudadela, por la recuperación de un patrimonio militar más antiguo que él. La ciudad gana y pierde a la vez, dependiendo del lado desde el que lo mires.
El dron, en casa
Una cosa más antes de cerrar. Si estáis pensando en sacar el dron por esta zona, revisad antes la normativa en la web de ENAIRE. Pamplona se encuentra en Zona geográfica UAS General por razones de seguridad operacional (MILUCE, LELU), y el vuelo no está permitido salvo coordinación previa con el Helipuerto, cuyo propietario es el Gobierno de Navarra. Por eso, en esta ocasión, el dron se quedó en casa. Sin dramas, y sin tentaciones.
Pendientes para la próxima vuelta
Sé que me quedan frontones en Pamplona. El Frontón Público Municipal de Cordovilla, el Frontón del Parque Eugui, el de Sarriguren y el de Mendillorri están en la lista de espera. Me los guardo para una próxima visita. Pamplona tiene más capas de las que parece cuando te pones a buscarlas.
¿Conocéis algún otro frontón en Pamplona que merezca una visita (y una fotografía)? Dejad un comentario más abajo. Este proyecto va creciendo gracias a esas pistas que llegan de quienes conocen cada rincón mejor que yo.




















