Frontones de ruta por Navarra
De Donostia a Iruña con los ojos bien abiertos.
Hay viajes que, si los miras con atención, esconden más de lo que prometen. A la vuelta de un reportaje fotográfico en Donostia, con una hora de AP-15 por delante, me hice una pregunta bastante sencilla: ¿cuántos frontones interesantes habrá entre aquí e Iruña? Lo que siguió fue abrir Google Maps, hacer zoom sobre cada pueblo que aparecía junto a la carretera, y buscar pistas: sombras alargadas, paredes blancas, espacios abiertos junto a una iglesia. Así arrancó esta nueva entrega de frontones de ruta por Navarra, una exploración que empieza en cuanto cruzas la frontera con Gipuzkoa y no termina hasta que ves las murallas de Pamplona.
Las estrellas Michelin de los frontones
Antes de contarte lo que encontré, quiero proponerte un marco. Los inspectores de la Guía Michelin llevan décadas clasificando restaurantes según un criterio muy concreto: no solo lo que sirven, sino si justifican o no el desplazamiento. Una estrella significa que compensa pararse. Dos, que merece la pena desviarse. Y tres, que el restaurante por sí solo justifica el viaje.
Me parece una manera honesta y elegante de valorar las cosas. Y la verdad es que, aplicada a los frontones, funciona igual de bien. Porque no todos los frontones que vas a ver aquí tienen el mismo peso. Algunos son una parada agradable si pasas por delante. Otros te hacen torcer el volante sin dudarlo. Y hay alguno que, si te lo digo antes, ya estás pensando en el camino.
Con ese criterio en la cabeza, te presento los frontones de este primer tramo: desde que entras en Navarra por la AP-15 hasta Irurtzun.
Frontón de Areso
Casi infinito y sin rebote.
Areso es uno de esos municipios del norte de Navarra que viven tranquilamente sin necesitar demasiada atención. Encajado en el valle del Araxes, entre bosques y prados que cambian de verde según la estación, tiene la escala justa de los pueblos que todavía funcionan como pueblos.
El frontón de Areso está pegado al ayuntamiento, y ya eso le da un contexto. La balconada del edificio municipal mira directamente a la cancha, lo que convierte cualquier partido en un pequeño espectáculo con palco de honor incluido.
Pero lo que de verdad me llamó la atención es su geometría. El frontón no tiene rebote, así que la cancha se alarga hacia el fondo sin encontrar nada que la detenga. Más allá de la línea de juego empieza una zona de juegos infantiles, y todavía más atrás, una pequeña cancha de balonmano. Es casi un frontón infinito, de esos que parecen no tener fin y que hacen pensar en qué tipo de pelota se jugaría aquí cuando esto estaba en plena actividad.
Frontón de Leitza
El pueblo que lo tiene todo.
Leitza merece párrafo aparte, y no solo por el frontón. Es uno de esos lugares que acumula historia deportiva, cultura popular y cinematografía en proporciones que no encajan con su tamaño. Si te suena de «Ocho apellidos vascos» o de la película de terror «La Ermita» (2023), estás en el sitio correcto.
Y es que la lista de deportistas que han salido de este pueblo es, siendo sincero, difícil de creer. Mikel Nieve, ganador de etapa en el Giro de Italia y lugarteniente de Chris Froome en el Sky. Oinatz Bengoetxea, pelotari que conquistó la Triple Corona. Abel Barriola, con tres títulos mayores en el palmarés: Manomanista, Cuatro y Medio y Parejas. Luis Vicente Otín, al que llamaban «el cartero de Leitza», otro ciclista de raza. El remontista Miguel Zestau. Y por encima de todos en popularidad, Iñaki Perurena, el levantador de piedra más conocido de Euskal Herria, que tiene junto a la carretera de Huitzi un museo tan particular como él: Peru Harri.
El frontón al que me refiero no es el Amazabal (que también existe y tiene su propio carácter), sino el que está junto al ayuntamiento, en la Plaza Euskal Herria. Está integrado en el tejido urbano del pueblo de una manera que ya quisieran muchas plazas mayores: la pared del frontis como telón de fondo, el espacio abierto como lugar de encuentro, y esa sensación de que aquí pasan cosas.
Para mí, este es el frontón de los tres Michelin de esta ruta. Justifica el viaje por sí solo, y además te lleva a un pueblo que merece mucho más tiempo del que normalmente le da la gente al pasar por la AP-15.
Frontón de Azpiroz
¿Y esa pared izquierda?
Azpiroz es un pequeño núcleo del valle de Aralar, de esos que aparecen en el mapa casi de puntillas y que guardan una calma que ya cuesta encontrar.
Las grietas reparadas que recorren el frontis no son un defecto, son un documento. Cada línea cuenta algo: una helada, unos años de abandono, alguien que en algún momento decidió que valía la pena arreglarlo. La verdad es que ese tipo de marcas me interesan más que una pared perfectamente lisa. Aquí la historia no está en los libros, está en el cemento.
Pero lo que de verdad no tiene ningún otro frontón de los que he fotografiado hasta ahora es la pared izquierda. No es un muro construido para el juego, es directamente la fachada de un caserío: con su ventana y su puerta de entrada, tal cual. La verdad es que ese tipo de detalles me interesan más que cualquier instalación nueva y reluciente. Aquí la historia no está en los libros, está en la piedra y en el cemento.
Frontón de Latasa (calle Urubi)
Ventanas con palco.
Latasa es uno de esos núcleos del piedemonte navarro que viven a la sombra de municipios más grandes pero que tienen su propia identidad, tranquila y sin aspavientos.
Importante aclaración desde el principio: este no es el Frontón Municipal de Latasa, que existe, está cubierto, tiene luz artificial y es, como diría cualquier jugador habitual, «otro nivel» (ni mejor ni peor, diferente). El problema es que estaba cerrado cuando llegué. Y eso resume bien uno de los dramas silenciosos de estos pueblos: ya no se puede improvisar un partido entre amigos como se hacía hace unos años. Para jugar en el frontón cubierto, necesitas avisar, buscar llaves, coordinar. Lo espontáneo ha desaparecido.
El frontón que fotografié está en la calle Urubi. Blanco también, con esa piel desgastada que ya empieza a ser una constante en esta ruta. Pero tiene un detalle que lo hace especial: la pared izquierda tiene ventanas. Ventanas desde las que se puede ver el partido con una perspectiva que no tiene ningún otro frontón de los que he fotografiado hasta ahora. No es un palco, pero casi.
Frontones de ruta por Navarra
Lo que viene después.
Este primer tramo de frontones de ruta por Navarra cubre el recorrido desde que entras en Navarra por la AP-15 hasta Irurtzun. Pero la historia no termina aquí. En el siguiente capítulo seguiré por la misma carretera y me detendré en tres frontones que ya tenía marcados en el mapa: frontones de Eraso, el de Oskotz y el de Etxaleku. Cada uno con su carácter, cada uno con algo que justifica la parada.
Además, si te interesa ver qué hay un poco más al sur, ya tengo publicada la entrada sobre los frontones de pueblo en el Valle de Arakil, que también tiene lo suyo.
¿Conoces algún frontón que merezca estar en esta ruta?
Este proyecto crece con cada salida, pero también con lo que me contáis vosotros. Si conoces algún frontón en Navarra que se salga de lo habitual, que tenga algo especial, que justifique desviarse aunque sea diez minutos, déjame un comentario aquí abajo. Puede que sea la próxima parada.
Navarra tiene más frontones de los que imaginas. Yo voy a encontrarlos todos.
















